EL REGALO DE LA AMISTAD
Hay amigos que llegan a nuestra vida y se quedan para siempre. Amigos que
han compartido nuestras alegrías, nuestras penas, nuestros cambios y que,
con el paso de los años, se transforman en parte de nuestra propia historia.
La verdadera amistad no necesita estar presente todos los días. Puede pasar
el tiempo y, al reencontrarnos, sentimos que nada ha cambiado. Porque per-
manece el cariño, la confianza y esa certeza tan valiosa de saber que podemos
contar con el otro.
En la amistad también descubrimos un regalo de Dios: personas que Él pone
en nuestro camino para acompañarnos, sostenernos y ayudarnos a mirar la
vida con esperanza.
Cuidemos a esos amigos que han caminado tantos años junto a nosotros. Por-
que un amigo de toda la vida es un tesoro que el tiempo hace cada vez más
valioso.